Me acabo de enterar que unas amigas acaban de ser despedidas de su trabajo. Personas, a las que no sólo considero fuertes y trabajadoras, sino que mil y una veces lo han demostrado, sin previo aviso, apenas días antes de ser renovadas de contrato, simplemente no lo han tenido que hacer. Estuvieron un total de dos meses pensando que estaban de vacaciones, pero en realidad estaban despedidas. Eso sí, la empresa se ha quedado con el trabajo realizado durante esas vacaciones. Yo, que no dejo de ser un actor secundario en sus vidas, me he agobiado, así que prefiero ni imaginarme cómo tienen que estar ellas.
La empresa en cuestión lleva tiempo comportándose como una autentica guarra. Lleva tiempo con actitudes extrañas, sospechosas y repentinas, pero desde luego nunca tan repentinas y sobretodo destructivas como la que acaban de hacer. Pero no nos olvidemos que las empresas no dejan de ser una masa amorfa de cerebros. Cerebros con nombres, apellidos, familias, vidas... que como si fuese un armazón laminado se escudan en "el bien de la empresa" para, simple y llanamente, hacer el mal. Esas personas, por mucho que intenten ser ignorantes de sus actos, en realidad se acercan mucho más a sociópatas capaces de joder, putear y maltratar a personas, que como bien he dicho al principio del texto, son fuertes y trabajadoras.
Entonces, si las personas fuertes y trabajadoras, con un obvio sentido de humanidad y decencia, son las que se quedan en la calle, con hipotecas, préstamos y familias, y sociópatas insanos, maltratadores, déspotas y sin ápice de empatía son los que prosperan... ¿Qué mundo nos espera?
Con esta idea en la cabeza, me senté delante de la televisión a distraerme un rato. Puse uno de esos realities que inundan la parrilla y alimento constante de Telecinco. Justo en el momento en el que pensaba que mi cerebro ya había cogido las maletas de la desconexión, ahí estaba otra vez el maltrato. Un concursante estaba manipulando al resto para hacer bulling, moving o como quiera llamar la prensa al clásico "yo soy más fuerte que tú y por ello te puteo y quedo por encima". Otra vez estaba viendo la maldad, porque querer ganar un concurso a través de la destrucción de los demás, eso, señoras y señores, es maldad.
Desde luego éste no es el mismo mundo en el que Songoku salva una y otra vez la humanidad. O en una versión más actual, el mundo de Finn y Jake, donde las cosas se cumplen con creer en ellas, la gente te quiere porque eres bueno y pase lo que pase siempre te echas unas risas. ¿Los dibujos animados nos han engañado con la bondad para que otros se aprovechen de ella? ¿La sociedad es mala por naturaleza, o simplemente no quiere ver más allá de sus propios actos?
¿Aquellos que estamos dispuestos a creer en Songoku estamos predestinados a morir una y otra vez por el bien de una humanidad que adora a Mr. Santán en vez de al propio salvador?
La verdad es que no tengo la respuesta. No sé si la vida es para Mr. Satánes o para Songokus. No sé si la bondad es el muro de hielo que separa el gélido éxito del norte o es una herramienta de colaboración. Hay muchos. muchísimos artículos que abalan la colaboración como única herramienta efectiva contra... ¿Contra quién? ¿Contra los otros? ¿Contra otros que sólo quieren lo mismo?
Y mientras escribo esto, veo en Facebook que una de mis amigas, ya está trabajando en periodo de prueba en otra empresa. Quizás este mundo sea para Mr. Satánes, pero desde luego, los Songokus de este mundo, no tienen que morir una y otra vez.
Un beso sexy y recordad, bondad es tener sexo con desconocidos, puesto que todos estamos sedientos de cariño.
P.D.: ¿Os gusta mi texto del viernes???? Se me fue la olla y no lo publiqué... lo siento
P.D.: ¿Os gusta mi texto del viernes???? Se me fue la olla y no lo publiqué... lo siento
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