Rozando los treinta y sin trabajo

jueves, 6 de febrero de 2014

Viajes de viejos compadres

Construyendo castillos de naipe. Así es como me siento. Durante esta semana he estado organizando varias cosas. Ya sabéis que me encanta organizar mierdas varias: sesiones de creatividad, fiestas, exposiciones... lo que surja. Y me encanta. Es de lo poco que nunca me aburre. Pero desgraciadamente es de lo poco en lo que te vas a dar contra una pared día sí día también.
Hace como un mes que empecé a organizar unas minijornadas de juegos de mesa, rol y estrategia en la que la idea era que unos colegas que no pudieron venir a las jornadas que organicé, pudieran disfrutar una versión baja en calorías de los sabores y eventos. Ahora el tema es que muchos de ellos parece que en el último momento les ha surgido algo que llaman vida. Si te soy sincero, la mayoría tienen razones de peso, así que no es legítimo que me enfade.
Como bien sabéis soy muy seguidor de la serie Girls, la versión moderna de la clásica Sexo en Nueva York, y en esta serie los personajes son adorablemente odiosos. Si fuesen mis amigas, me las cargaba. La que no es egocéntrica, es juiciosa, la que no interesada y la que no simplemente vive en el mundo del unicornio. Pero ahora que me pongo a pensar, si miramos a nuestro entorno, y lo hacemos como en una peli de Woody Allen, (director que dirigiría mi vida si se diera el caso), siempre vemos el lado egoísta, egocéntrico, y odioso, y a su vez el lado agradable, el apoyo o la seguridad. 
Tomando un café nos conseguimos juntar la mitad de la gente con la que andaba en la uni, gente que hacía tiempo que no veía, esa gente que en cuanto la ves, parece que el tiempo no ha pasado por ellos, ni aunque tengan un hijo o hayan estado tres años viviendo en Hensilki. Cháchara casi siempre banal rodeado de dulces para fingir que no llevo tres años de dieta. Entre los muchos comentarios, y sobre todo enfocados a la gente que estaban en el extranjero, que cada día son más, salió la pregunta que me rondaba en mi cabeza tras varios fracasos para organizar mierdas: ¿Y mantenéis el contacto con la gente de aquí?
Se miraron entre ellos como si no se hubiesen hecho esa pregunta. La respuesta era la obvia. Cada vez que venían intentaban estar con los que podían, sin esperar que todos pudieran y sin esperar que les diera tiempo para estar con todos. Aun así una de ellas comentó "Lo más curioso es que cuando estás a fuera, no son los amigos íntimos los que más te hacen visita, sino los "los actores secundarios". Quiero decir, que en mi caso, Teresa no ha venido ni una sola vez a Copenague, pero en cambio ha venido Iker, que es un sol de chaval, pero no es mi íntimo." "Sí, es verdad" siguió la newfinlandesa "los más íntimos son los que más tardan en venir, y si es que llegan".

Y ahí resonó con eco en mi cabeza. Los más íntimos son los que más tardan en venir. ¿Los más íntimos son los que están tan seguros de la relación que ya no hacen ningún esfuerzo? Siempre he pensado que la comodidad es enemigo de la creatividad. Si uno está cómodo, ¿por qué hará un esfuerzo por algo? Lo que me sorprende es ver eso mismo con la pandilla. Sé que esto es más inherente a la persona que a la relación y hay quienes aunque sean los más íntimos tienen la maleta siempre preparada para ir a Helsinki, y en cambio otros que debería hacer más esfuerzo con consolidar la amistad nunca darán un paso para adelante. Pero la sensación de que la amistad es como un fuerte roble que ya no tiene que luchas pues ha consagrado el terreno, me es un poco perturbadora. Dicen que a tu pareja hay que enamorarla todos los días. Yo no tengo pareja y no sé cuando la tendré, pero para mí la amistad es exactamente igual. La amistad es la familia elegida, y me gusta enamorar y que me enamoren mis amigos todos los días, por mucho que haya veces que pienses que todos son egocéntricos, juiciosos, interesados o vivan en el mundo del unicornio.

Un beso sexy, y recordad, por mucho que la amistad sea un roble, no viene mal de vez en cuando arroparle con trazos de ganchillo.

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