Rozando los treinta y sin trabajo

lunes, 21 de abril de 2014

La razón por la que posteo

Son las no sé cuantas de la mañana. No puedo dormir. Hoy me he despertado tarde y el karma me está castigando. Así que en un intrépido intento de hacer algo con mi vida, me he puesto a mirar mis anteriores proyectos. ¡Qué pena de persona! La verdad es que me sorprendo a mí mismo. Y curiosamente no siempre a malas.
Ya sabéis que este blog es un blog personal, chorra, algo con lo que entretenerme. Pero una vez, hará como dos años más o menos, empecé un blog profesional. Lo he empezado a leer. No es del todo malo. Tampoco es que sea bueno. Mediocre. Tanta seriedad, tanto formalismo. Un listón tan alto que me puse. Supongo que todo el mundo empieza a gatear antes que a andar, y a rodar antes que a gatear. Y supongo que el trabajo diario y el esfuerzo hace que pasemos de un estado al otro. No sé si realmente me di tiempo a mí mismo a pasar de un estado a otro. Me acuerdo un día, puede que de esto haya sido un año, me puse a repasar mis posts. Me dio mucha pereza. Algunos me gustaban. Otros me gustan la idea. Y otros simplemente me parecían simples y aburridos. Y pensé que debería dar un poco de forma a todo. Creé una cabecera en la que ponía "Cierre por obras". Y al igual que españalas obras se paralizaron,  pendiente de que un día me ponga a ello.
Tengo que admitir que este exhibicionismo inocente, este coqueteo superfluo con desconocidos, me resulta tremendamente agradable. Me es un entorno familiar y cómodo. Es como ese hueco del sofá, en el que te pones a ver los Simpson al medio día y durante esos 20 minutos no eres un trabajador, no eres un padre, no eres un amante, no eres nadie, sino que te mimetizas con Hommer y simplemente, eres. Pues eso es lo que me pasa un poco con el concepto del blog. Durante esos breves periodos de tiempo, simplemente me gusta ser. Sé que os cuento mis cosas, algunas reales, otras ficción, otras curiosas y otras paparruchas absolutas, y que bueno, detrás de estas líneas hay un mínimo de trabajo. Sí, es mínimo, pero es trabajo. Escribir cuando viene la idea, corregir en otro momento, en el que estés lúcido, asegurarse que sea el día en el que tienes que postear... y el trabajo que me queda... pero a fin de cuentas, es una desconexión placentera de mi día a día. O semana a semana.

Y bueno, lo que quería comentar con todo esto, es que aunque sé que muchos sois amigos, que aunque sé que muchos lo leéis por compromiso, gracias. Gracias por no hacerme sentir tan tonto en mi mundo del unicornio. Gracias por hacerme compañía mientras nos mimetizamos con Hommer. Gracias por leer, o fingir que leéis. Gracias. Puede que a través de esto aprenda a pasar de rodar a gatear.
Besos sexys y recordad, que la musa, nos encuentre trabajando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario